Auge del comercio electrónico y venta en línea de medicamentos

“…A la luz de la difusión del comercio electrónico y la deslocalización que este trae aparejada (…), ambos conceptos —farmacia y almacén farmacéutico— merecen una revisión que los modernice —o liberalice, si se prefiere— permitiendo la venta en línea de medicamentos al público a quienes cumplan con estándares sustantivos de seguridad, registro y disponibilidad mínima de productos…”

Felipe von Unger

Con fecha 7 de mayo de 2020 se publicó en el Diario Oficial el Decreto N° 58, del Ministerio de Salud, el que por medio de un Título VI nuevo, que agrega al Decreto N° 466, sobre farmacias, droguerías, almacenes farmacéuticos, botiquines y depósitos autorizados, viene a regular la comercialización de medicamentos, con y sin receta médica, a través de los sitios electrónicos de farmacias y almacenes farmacéuticos. Esto último en consonancia con el artículo 129 del Código Sanitario, el que reserva a dichos establecimientos el expendio de medicamentos, cualquiera sea su condición de venta.

Lo que nos parece interesante a los efectos de esta columna es que tanto las farmacias como los almacenes farmacéuticos están conceptualizados en nuestro ordenamiento como espacios esencialmente “físicos” destinados a la comercialización de medicamentos y, consecuentemente, las normas que ambas deben observar emanan de esa preconcepción tradicional. Ejemplos de esto último son las exigencias para su establecimiento o las que se refieren a la distribución de sus plantas y zonas internas o las reglas sobre horarios de atención, cierre o venta, entre otras. Todo, como ya se ha indicado, coherente con una visión física de ambos recursos.

Sin embargo, a la luz de la difusión del comercio electrónico y la deslocalización que este trae aparejada, en virtud de la cual el oferente exhibe sus productos o servicios en páginas web, sin verdaderas salas (en su versión espacial) de venta y desde cualquier parte del mundo, ambos conceptos —farmacia y almacén farmacéutico— merecen una revisión que los modernice —o liberalice, si se prefiere— permitiendo la venta en línea de medicamentos al público a quienes cumplan con estándares sustantivos de seguridad, registro y disponibilidad mínima de productos, más allá de que simultáneamente los vendan o no en tiendas en alguna esquina del país.

En estos días de distanciamiento social se lee frecuentemente sobre comercios que han derivado hacia la venta electrónica y que han potenciado su canal de ventas en línea. Caso típico es el de restaurantes que ya no atienden público en sus locales y que se han convertido en “cocinas ciegas” dispuestas como parte de un sistema logístico que lleva sus productos hasta la puerta misma de sus clientes. Con matices, esa es la tendencia que se ve reflejada también en este nuevo reglamento sobre comercialización electrónica de medicamentos. La pregunta que nos hacemos, no obstante este avance, es si hace falta, realmente, que para vender medicamentos al público a través de su página de internet una farmacia deba contar, por ejemplo, con “una zona exclusiva y delimitada al interior de su establecimiento, claramente identificada y que permita el acceso inmediato a los usuarios para ejercer la decisión directa de compra del medicamento”.
 
Es que el comercio electrónico ha venido a cambiar la forma en que hemos entendido tradicionalmente muchas cosas. Algo análogo a lo descrito arriba ocurre con las licencias de funcionamiento que otorga la Superintendencia de Casinos, que se conceden únicamente a operadores de salas “físicas”, situación que ha quedado completamente superada —sobre todo en la presente coyuntura— por la realidad de los sitios de apuestas online. Lo mismo puede decirse en materia de patentes de alcoholes, donde los sitios de ventas en línea deben terminar ajustándose a las exigencias que se hacen a los establecimientos con atención presencial de público. Por citar solo dos casos.

Por último, en otro orden de cosas, la masificación del comercio electrónico, y más aún si se trata de bienes o servicios relacionados con la salud de las personas, debiera imponer un sentido de urgencia a la discusión del proyecto de ley, actualmente en el Congreso Nacional, que fortalece la institucionalidad encargada de la protección de los datos personales, intensifica las obligaciones de quienes hagan tratamiento de esta clase de información y consagra derechos a favor de los titulares de datos, llevando a la práctica la garantía constitucional del artículo 19 N° 4 de la Constitución Política. No puede olvidarse que cada transacción hecha a través de internet deja una serie de “huellas”, siendo su divulgación no autorizada posible fuente de discriminaciones prohibidas por nuestro ordenamiento.

En fin, a propósito de un Decreto que va poniendo al día nuestra regulación en materia de venta de medicamentos pueden identificarse desafíos aún por ser abordados, todo en aras de una mayor seguridad, competencia y accesibilidad.

*Fuente: emol.com

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